Ley contra el terrorismo de las empresas de animales (AETA, por sus siglas en inglés)

24 de abril de 2014

Introducción

La Ley de Terrorismo contra Empresas de Animales (AETA), 18 U.S.C. § 43, is a federal law designed by corporations for the purpose of protecting the profits they make from animal abuse and exploitation. Former President George W. Bush signed AETA into law on November 27, 2006 at the urging of a corporate lobbying group — the American Legislative Exchange Council (ALEC) — a group that is largely funded by corporations that profit from animal exploitation. See http://www.alecwatch.org. AETA intenta erradicar los derechos de la Primera Enmienda de los activistas de los derechos de los animales para que las prácticas crueles e inaceptables socialmente de las industrias explotadoras de animales queden aisladas del escrutinio público y del discurso democrático.

Under well-established principles of Constitutional law, the AETA is unconstitutional because the language of the law is both too vague and too broad. The law’s vague language makes it impossible for an individual to know if an act of public protest could potentially land the individual in federal prison convicted as a “terrorist.” The vague language also gives unbridled discretion to the police and other government agents to decide whether an individual’s actions or statements of political dissent are acts of AETA “terrorism.” By giving complete discretion to police and other government agents to decide whose protest is terrorism and whose protest is not terrorism, the law encourages — and even requires — arbitrary and subjective enforcement based on the personal predilections of the individual police officer and prosecuting attorney. Moreover, the law’s broad language reaches into the realm of protected First Amendment activities because it metes out long prison terms for acts that are constitutionally protected. By enacting the AETA, Congress has elevated corporate profit above fundamental and cherished Constitutional rights that have created our nation, including the freedom to plan and implement acts of public protest such as leafleting, picketing, public assembly, publishing or voicing dissenting viewpoints, and boycotting. An individual could be convicted of any one of these “offenses” under the AETA and be imprisoned, fined, and forever branded a “terrorist” as a result.

Moreover, the AETA’s threat of harsh federal prison sentences — with confinement in extremely restrictive terrorist units — would make any person think twice before engaging in any form of animal rights advocacy that could be swept up in the broad net cast by the language of the AETA. Thus, in addition to violating the U.S. Constitution with its broad and vague language, the AETA also violates the U.S. Constitution because of its “chilling effect” on individuals who desire to participate in protected First Amendment activities in the realm of animal rights advocacy, but refrain from doing so because they are afraid of being defamed and/or convicted as terrorists.

Contrario a la postura de los defensores de la AETA, la disidencia política no es sinónimo de terrorismo. Por el contrario, es el fundamento de nuestra democracia. La AETA fue redactada, propuesta e impulsada por intereses corporativos con el fin de evitar la exposición y el escrutinio público de las prácticas comerciales socialmente inaceptables de las que preferirían seguir lucrando. Utilice este sitio web para informarse sobre los antecedentes, el lenguaje, las implicaciones y la aplicación de la AETA. Conozca los riesgos que plantea para nuestras libertades estadounidenses fundamentales de abogar por el cambio social, sin importar el tipo de cambio social por el que abogamos. Lleve esta información para educar a sus amigos y vecinos e inicie diálogos comunitarios sobre esta ley y sus implicaciones. Haz clic aquí para una copia de nuestro tríptico AETA para divulgar en tu comunidad.


Antecedentes

Aunque la AETA nació oficialmente como producto de la histeria de la “guerra contra el terrorismo” posterior al 11 de septiembre de 2001, sus raíces se encuentran en una ley anterior: la Ley de Protección de Empresas de Animales (AEPA). (AEPA 1996) | (AEPA 2002). Upon the urging of a coalition formed by animal testing giant — the National Association for Biomedical Research — the U.S. Congress passed the AEPA in 1992. The purpose of the AEPA was to make it easier to silence animal rights advocates who are successful in publicly exposing business practices that abuse animals. AEPA was unprecedented: for the first time, Congress used the word “terrorist” to describe an individual who interfered with animal-based industries. The AEPA criminalized the actions of any individual who “intentionally damage[d] or cause[d] the loss of any property (including animals or records) used by the animal enterprise” while attempting to cause “physical disruption to the functioning of an animal enterprise.” Under the AEPA, an individual who “caused” a property loss of $10,000 could be sentenced to fines and/or six months in prison. If an individual “caused” a property loss of more than $10,000, the sentence could be fines and/or three years in prison. Loss of property was not limited to physical property; the statute included loss of profits alone as an economic damage. If an individual caused “serious bodily injury” related to their AEPA-prohibited conduct, the sentence could be fines and 20 years in prison. If an individual caused a human death related to their AEPA-prohibited conduct, the sentence could be fines and life in prison. It’s important to note that in the history of the American animal rights movement, there has never been an injury or death to any animal or human.

Los grupos de bienestar animal y de protección ambiental expresaron su preocupación por el amplio alcance que tiene la redacción ambigua de la AEPA. Lo que más preocupaba era la expresión “pérdida de cualquier propiedad”, que incluía la pérdida de ganancias. Las campañas por el cambio social suelen implicar acciones de perturbación física, como sentadas y piquetes, que provocan una pérdida de ganancias para las empresas. De hecho, algunas campañas por el cambio social se llevan a cabo con el objetivo principal de reducir las ganancias corporativas para poner fin a las prácticas empresariales explotadoras. Un ejemplo histórico es la campaña de desinversión organizada en Estados Unidos para obligar a Sudáfrica a poner fin a su brutal régimen de apartheid. Desde 1948 hasta principios de la década de 1990, el gobierno de Sudáfrica impuso a sus ciudadanos una política de segregación racial y discriminación, que restringió gravemente los derechos y libertades de las personas no blancas en materia de residencia, viajes, reunión, educación, empleo y matrimonio. Esta política fue aplicada de manera letal por las fuerzas armadas e incluyó numerosos casos de detención arbitraria, tortura y asesinatos a manos de esos actores estatales. La política fue objeto de intensas protestas en Sudáfrica y el gobierno respondió con violencia y el encarcelamiento de las principales voces disidentes, como Nelson Mandela. Finalmente, la comunidad internacional ejerció suficiente presión para obligar al gobierno sudafricano a poner fin al apartheid. Un elemento de esta presión internacional, ampliamente reconocido como un factor clave que catalizó el fin del apartheid, fue la campaña de desinversión en Estados Unidos. Estudiantes universitarios y profesores de todo el país organizaron seminarios y manifestaciones, interrumpieron reuniones, ocuparon oficinas en los campus y utilizaron otras tácticas de perturbación física con la intención expresa de causar pérdidas de ganancias a las empresas que invertían en Sudáfrica. En la Universidad de Columbia, los estudiantes interrumpieron las reuniones del consejo de administración y ocuparon la Escuela de Posgrado de Negocios. En la Universidad de California en Berkeley, 61 estudiantes fueron arrestados tras construir un asentamiento precario frente a la oficina del rector. Como resultado de este tipo de actividades, los consejos de administración de varias universidades destacadas votaron a favor de retirar completamente sus inversiones de Sudáfrica y de las empresas con intereses importantes en ese país. Este tipo de actividades, que se utilizaron para poner fin con éxito al apartheid, se habrían considerado terrorismo en virtud de la AEPA si se hubieran empleado para protestar contra el maltrato y la crueldad hacia los animales. Por lo tanto, en virtud de la AEPA, una persona podría haber sido condenada por participar en prácticas que son formas bien establecidas de defensa del cambio social.

Despite the alleged need for the AEPA, for many years the federal government failed to find any conduct to prosecute under the AEPA. Accordingly, lobbyists for animal industries began to urge Congress to widen the scope of the law. Around this time, the FBI pronounced that the Animal Liberation Front (ALF) — an underground animal rights activist movement that engages in direct action that causes property damage — was one of the top domestic terrorist threats in the U.S. However, this pronouncement was dubious because government agents and corporate lobbyists have completely failed to ever cite any ALF activity that has caused any human injury whatsoever. They cannot cite any such incidents because there has never been a human injury or death in the U.S. related to animal rights activism in the history of the animal rights movement. To the contrary, the ALF’s guiding principle is to be “a nonviolent campaign” in which activists take “all precautions not to harm any animal (human or otherwise).”

Es significativo que otros grupos ideológicos adopten habitualmente conductas que sí causan lesiones o la muerte a personas, pero los miembros de esos grupos no han sido señalados ni calificados por el gobierno federal como terroristas nacionales. Por ejemplo, las estadísticas del FBI muestran que solo en 2003 hubo más de 7,400 delitos de odio motivados por la raza, el origen étnico, la religión y la orientación sexual. Desde 1977, se han registrado al menos 13 000 actos de violencia dirigidos contra personas que trabajan en clínicas de aborto, incluidos al menos 7 asesinatos. Entre 1991 y 2001 se registraron 2,100 actos de violencia contra sindicatos, incluyendo atentados con bombas, tiroteos y lesiones que estuvieron a punto de causar la muerte. Además, las estadísticas del FBI han registrado cientos de delitos ambientales cometidos por industrias que violan las leyes que protegen la calidad del aire y del agua, y que exigen el transporte y la eliminación seguros de residuos peligrosos. Ese tipo de destrucción o daño ilegal a la propiedad pública, que pone en riesgo la salud humana con lesiones o la muerte y causa millones de dólares en daños en costos de restauración, tampoco es considerado terrorismo por el FBI.

Riding the government’s terrorism bandwagon, Edward J. Walsh of the National Animal Interest Alliance, an organization supported by animal industries, started pushing legislators to expand the AEPA to include such benign acts as “pies in the face.” According to Walsh, this type of conduct — such as the PETA activist who threw a tofu-cream pie in the Canadian Prime Minister’s face — is a terrorist act and must be punished with a long federal prison sentence. In response to citizens who questioned the constitutionality of his proposed expansions, Walsh fell back on the overworked hyperbole of the post-September 11, 2001 terrorism hysteria by stating that members of Congress who did not want to expand the AEPA were “aiding and abetting terrorism . . . .”

El AEPA no se ha utilizado a menudo, pero se ha empleado para condenar a activistas por los derechos de los animales por conductas protegidas constitucionalmente. Los fiscales federales utilizaron el AEPA contra personas que se ofrecieron como voluntarias para la campaña Stop Huntington Animal Cruelty (SHAC). Ver http://www.shac.net. Los voluntarios de SHAC fueron declarados culpables de conspiración para violar la AEPA por el simple hecho de ayudar a administrar un sitio web. El gobierno argumentó que los voluntarios de SHAC interrumpieron la actividad comercial del laboratorio Huntington Life Sciences (HLS), en violación de la AEPA, porque se publicó un video en el sitio web de SHAC que exponía la tortura de perros dentro del laboratorio HLS. El sitio web también publicó videos de cinco investigaciones encubiertas en el laboratorio HLS que habían registrado abusos desgarradores contra animales por parte de empleados de HLS, como científicos de investigación que golpeaban a beagles en la cara y diseccionaban monos vivos y conscientes. El sitio web también expuso casos en los que HLS había falsificado datos científicos para promover las pruebas en animales. La atención mediática obtenida por el sitio web de SHAC resultó en que la corporación perdiera inversores y dinero. Finalmente, HLS incluso fue retirada de la Bolsa de Valores de Nueva York como resultado de la indignación pública por sus prácticas abusivas.

El FBI no pudo detener a los responsables de las investigaciones encubiertas con videos de HLS, por lo que, en su lugar, arrestó a los voluntarios de SHAC que ayudaban a administrar el sitio web y los acusó de conspiración en virtud de la AEPA. Así, el simple hecho de ofrecerse como voluntario para ayudar a administrar un sitio web fue suficiente para que los voluntarios de SHAC terminaran en una prisión federal. En conjunto, se enfrentaban a 24 años de prisión y a una indemnización a HLS que superaba el millón de dólares.

Como ilustra este caso, tras el 11 de septiembre de 2001, la “guerra contra el terror” de la administración Bush ha degenerado en una caza de brujas histérica que recuerda al “Miedo Rojo” anticomunista de la década de 1950, en el que los activistas políticos son demonizados porque sus creencias desafían el paradigma social dominante. Como han documentado historiadores y periodistas, el término ’terrorismo“ ha sido utilizado históricamente por los gobiernos ”para mantener a la población asustada e insegura“, y crear una especie de histeria de turba para alcanzar objetivos políticos. Aunque la nueva histeria sobre el terrorismo ha animado a los medios de comunicación tradicionales a tragar y promover la idea de que los activistas políticos que causan pérdidas económicas a la industria son terroristas, definiciones más establecidas y lógicas de terrorismo lo definen como una actividad destinada a matar seres humanos con fines políticos. Esta distinción se ha perdido en la prisa por procesar a activistas no violentos como terroristas.

En 2002, James F. Jarboe, Jefe de la Sección de Terrorismo Doméstico de la División de Contraterrorismo del FBI, testificó ante el Comité de Recursos de la Cámara de Representantes de EE. UU. y el Subcomité de Bosques y Salud Forestal. Si bien reconoció que el ALF “desalienta los actos que dañan a un animal, humano y no humano”, afirmó que el ALF se había convertido en una “amenaza terrorista seria” porque la conducta asociada al ALF había causado millones de dólares en daños económicos. Jarboe además declaró que el ALF era la “máxima prioridad en terrorismo doméstico”. Calificó las actividades del ALF de “ecoterrorismo” y definió ese término como “el uso o la amenaza de uso de violencia de carácter criminal contra víctimas inocentes o propiedad por parte de un grupo subnacional orientado al medio ambiente por razones ecopolíticas, o dirigido a una audiencia más allá del objetivo, a menudo de carácter simbólico”. Por lo tanto, Jarboe dejó claro que el FBI considera una amenaza de causar daños simbólicos a la propiedad como un acto de “ecoterrorismo” si está motivada por preocupaciones sobre el bienestar animal, independientemente de si los daños a la propiedad llegan a materializarse o no.

1. David Barsamian, They Call All Resistance “Terrorism,” INT’L SOCIALIST REV., Aug.—Sept. 2001; Howard Zinn, TERRORISM AND WAR 57 (2002); Andrew Hartman, The Politicization of Terror: September 11 and American Historical Selectivity, Z MAGAZINE, Dec. 2001, at 25.

Las industrias de base animal explotaron esta nueva retórica gubernamental para reforzar sus esfuerzos de cabildeo y expandir el alcance de la AEPA bajo un nuevo nombre: la Ley de Terrorismo de Empresas Animales (AETA, por sus siglas en inglés). La AETA fue redactada originalmente por el American Legislative Exchange Council (ALEC). Ver http://www.alecwatch.org

ALEC is a 501(c)(3) non-profit organization that consists of state and federal legislators who are funded by corporate donors to draft and introduce industry—friendly legislation. When the AETA legislation was passed, ALEC included over 2,400 state lawmakers and members, as well as alumni of at least nine state governors and 80 members of the U.S. Congress. The group is funded primarily by large corporations, industry groups, and conservative foundations that pay up to $50,000 a year (in a tax-deductible donation) in membership dues; members have included corporations like Philip Morris, Johnson & Johnson, Bayer Corp., and Enron. In 2000 alone, ALEC members introduced and convinced legislatures to pass 450 ALEC-drafted laws.

El senador estadounidense James Inhofe (R-OK) y la senadora estadounidense Dianne Feinstein (D-CA) presentaron la propuesta AETA de ALEC ante el Senado de los Estados Unidos como el proyecto de ley S. 3880, el cual fue aprobado el 29 de septiembre de 2006. El proyecto de ley fue presentado en la Cámara de Representantes de EE. UU. por el republicano Thomas Petri como H.R. 4239 al día siguiente de las elecciones federales de mitad de período. Muchos miembros de la Cámara aún se encontraban de vacaciones. Solo un representante, Dennis Kucinich, se pronunció en contra del proyecto de ley. La Cámara aprobó el proyecto de ley mediante votación oral el 13 de noviembre de 2006, bajo la suspensión de las reglas generales para las asambleas deliberativas, un procedimiento que por lo general se reserva para la legislación no controvertida. Ningún legislador presente en la Cámara, ni siquiera Kucinich, propuso realizar una votación nominal, y de haberse llevado a cabo, habría quedado en evidencia que no había suficientes legisladores presentes para aprobar legítimamente el proyecto de ley. La AETA fue promulgada como ley por el expresidente George W. Bush el 27 de noviembre de 2006.


Lenguaje de la ley

La AETA tipifica como delito el daño y/o la interferencia contra una empresa relacionada con animales si se produce la pérdida o el daño de cualquier bien, si se provoca en alguna persona un “temor razonable” a la muerte o a lesiones corporales graves, o si un autor conspira o intenta cometer cualquiera de estas dos acciones. La definición de “daño económico” incluye la “pérdida de ganancias” y el “aumento de los costos resultantes de… la intrusión… o [resultantes de] la intimidación contra una persona o entidad…”. La sección de sanciones de la AETA establece que, incluso si no hay pérdida o daño a la propiedad, ni se ha infundido temor en ninguna persona, se impondrá una multa y/o una pena máxima de un año de prisión por violar la AETA. Esta sanción podría aplicarse en una situación en la que haya habido un “intento” de llevar a cabo, o una “conspiración” entre varias personas para llevar a cabo, una protesta que nunca se concretó y que, por lo tanto, nunca causó realmente una pérdida de ganancias. Si no hay lesiones ni se infunde miedo a ninguna persona, pero se produce un “daño económico” superior a $10,000, la sanción legal es una multa y un máximo de 5 años de prisión. Si no hay lesiones ni se causa temor a ninguna persona, pero se produce un “daño económico” superior a $100,000, la pena prevista por la ley es una multa y un máximo de 10 años de prisión. Si no hay lesiones ni se causa temor a ninguna persona, pero el “daño económico” supera los $1,000,000, la pena prevista por la ley es una multa y un máximo de 20 años de prisión. Así, por ejemplo, si la publicación en Internet de grabaciones de video de maltrato animal en Huntington Life Sciences provocara una pérdida de ganancias corporativas superior a $1,000,000, las personas que publicaron las grabaciones en Internet se enfrentarían cada una a hasta 20 años de prisión. Además, si esas mismas personas hubieran planeado publicar las grabaciones en un sitio web, o hubieran intentado hacerlo, pero al final nunca las hubieran publicado, aún así se enfrentarían a hasta 20 años por “intento” o “conspiración” para interferir con las ganancias. (Y, por supuesto, es la empresa la que determina cuál es la pérdida de ganancias, lo que da lugar a exageraciones flagrantes y groseras en el monto del daño monetario realmente reclamado).

Otro ejemplo de defensa eficaz de los derechos de los animales que ahora podría ser procesado como “ecoterrorismo” bajo la AETA es la muy publicitada investigación encubierta de abuso de “vacas caídas” por parte de la Humane Society of the U.S. En 2008, la Humane Society lanzó un video impactante que mostraba a empleados del matadero Hallmark/Westland de Chino, California, pateando vacas, embistiendo vacas con las cuchillas de una carretilla elevadora y aplicando descargas eléctricas dolorosas a las vacas para obligarlas a levantarse y caminar hacia el matadero. Las vacas que aparecen en el video eran en su mayoría “vacas caídas”, que son vacas demasiado enfermas o débiles para ponerse de pie. Las vacas caídas a menudo albergan patógenos transmitidos por los alimentos, como E. coli y Salmonella, y el consumo de carne de vaca caída está relacionado con la encefalopatía espongiforme bovina, más comúnmente conocida como “enfermedad de las vacas locas”. En el momento de la investigación, más de 100.000 escuelas y centros de cuidado infantil consumían carne de res del matadero Hallmark.

La exposición de las prácticas de matadero de Hallmark por parte de The Humane Society catalizó una importante respuesta política. El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos suspendió la elegibilidad de Hallmark para participar en programas federales de almuerzos, cerró la planta por violaciones regulatorias “descaradas” y retiró del mercado 143 mil millones de libras de carne de Hallmark (el retiro de carne de res más grande en la historia de los EE. UU.). Se estima que el costo del retiro, tanto para la empresa como para el gobierno, supera los mil millones de dólares. El Congreso de los Estados Unidos celebró ocho audiencias para discutir el tema del consumo de vacas caídas y, finalmente, el presidente Barack Obama anunció que las vacas caídas estarían prohibidas para el consumo humano. El fiscal del condado inició investigaciones criminales contra el gerente de la planta de Hallmark, quien finalmente se declaró culpable de dos delitos graves de abuso animal.

Si bien la publicación por internet de los resultados de su investigación encubierta por parte de la Humane Society obviamente resultó en justicia penal y un suministro de alimentos más seguro, según la AETA, los investigadores de la Humane Society podrían enfrentarse a cargos federales por delitos graves por interferir con las ganancias de Hallmark. Bajo la AETA, “empresa de animales” incluye cualquier “empresa comercial . . . que utilice o venda animales o productos de origen animal con fines de lucro, producción de alimentos o fibras”. Ciertamente, un matadero califica como una empresa comercial que utiliza y vende animales para consumo. Además, la AETA criminaliza la interferencia con una empresa de animales si se pierde o daña alguna propiedad, y la definición de “daño económico” incluye la “pérdida de ganancias”. La masiva retirada de carne de res y la suspensión de la participación en contratos federales, que resultó en una pérdida de ganancias de millones de dólares para Hallmark, fue enteramente el resultado de la investigación de la Humane Society. Por lo tanto, la conducta socialmente beneficiosa y protegida constitucionalmente de los investigadores de la Humane Society cae dentro de la conducta prohibida por la AETA. Bajo la AETA, los investigadores podrían enfrentar hasta 20 años de prisión cada uno.

Es crucial destacar que las penas de prisión impuestas por la Ley de Protección contra el Maltrato Animal (AETA, por sus siglas en inglés) se escalonan según la pérdida de ganancias reclamada por la corporación. En lugar de establecer una pena máxima de prisión para cualquier acción que viole la AETA al causar una pérdida de ganancias, pero que no cause miedo ni lesiones, y dejar que el monto de la pérdida de ganancias sea relevante solo para la solicitud de restitución, como estaba estructurada la Ley de Protección contra el Abuso de Animales (AEPA, por sus siglas en inglés), la AETA basa el posible término de encarcelamiento en la cantidad de ganancias perdidas por la corporación. Claramente, por su lenguaje directo, la AETA está orientada principalmente a encarcelar a personas por disminuir las ganancias corporativas como resultado de una defensa efectiva, y cuanta más efectiva sea la defensa, más larga será la sentencia de prisión.

In addition to the penalties authorized by the language of the AETA itself, the federal government also uses “sentencing guidelines” to determine an individual’s sentence. These guidelines include an “enhancement,” which allows increased penalties, for actions that the government deems to be “terrorism.” For example, the federal sentencing guidelines provide that a first offense act of arson alone should have a sentence of 33-41 months (2 — 4 years). But with a terrorism sentence enhancement that sentence (for the same crime) becomes 168 — 210 months (14 -15 years). In addition, receiving the terrorist label at sentencing directly affects the type of incarceration an individual will face: the federal Bureau of Prisons considers the terrorist designation seriously and assigns such prisoners to maximum security prisons or super-maximum security prisons. These facilities are designed to house the most violent criminal offenders in the nation and may require 23 hours of lockdown in a cell each day, as well as limit conversation with family to one hour per month. The government could certainly argue that a conviction under the Animal Enterprise Terrorism Act merits a terrorism sentencing enhancement. In fact, Andy Steppanian, one of the SHAC defendants, was the first white person to be sent to the super-max “Communication Management Unit” in FCI Marion, IL. His “terrorist” crime was helping to organize a public campaign against Huntingdon Life Sciences (animal torturers).

La AETA ha ampliado significativamente el alcance de las conductas que estaban prohibidas en virtud de la AEPA, ha ampliado el número de posibles “víctimas” y ha aumentado las sanciones. Ya no se exige que haya una interrupción física; ahora solo se requiere una “interferencia”. Ahora existe una definición mucho más amplia y ambigua de “daño económico”, que incluye “los costos derivados de amenazas, actos o vandalismo, daños a la propiedad, allanamiento, acoso o intimidación”. Ya no es necesario que la conducta afecte a una empresa relacionada con animales; ahora la conducta es delito incluso si solo afecta a partes “que tengan una conexión con… una empresa relacionada con animales”, también conocidas como ‘objetivos terciarios’. Las sanciones por conductas no violentas han aumentado de un máximo de tres años de prisión a un máximo de 20 años por la misma conducta no violenta. Por último, mientras que la AEPA exigía algún tipo de pérdida real de bienes para formular un cargo de terrorismo, la AETA elimina por completo ese requisito y permite condenas penales por acciones que “provocan en una persona un temor razonable” a sufrir lesiones corporales graves, ya sea a sí misma o a su familia, “mediante una conducta que implique amenazas, actos de vandalismo, daño a la propiedad, allanamiento de morada, acoso o intimidación”. Por lo tanto, si el propietario de un negocio se siente intimidado o acosado por una campaña a favor de los derechos de los animales, pero nunca se producen daños materiales reales, pérdidas de ganancias o lesiones, aún así podría haber motivos para presentar un cargo de terrorismo en virtud de la AETA.


Implicaciones

Tenemos protecciones constitucionales por una razón. Sin el trabajo encubierto y la exposición de la Humane Society en el caso de las vacas de Hallmark, nuestra nación habría estado completamente ajena al hecho de que los almuerzos escolares que se servían a miles de niños contenían carne potencialmente mortal. La AETA compromete la probabilidad de futuras exposiciones encubiertas, como la investigación de la Humane Society sobre Hallmark, al amenazar con penas de prisión federal, multas exorbitantes y una etiqueta de terrorista para ese tipo de conducta, como se discutió anteriormente. Pero no son solo los defensores de los derechos de los animales quienes deben preocuparse por la AETA; otros defensores del cambio social progresista, que amenazan los márgenes de beneficio corporativos, serán los próximos en la cuerda si no actuamos ahora.

As discussed above, the AETA classifies something as benign as the posting of undercover video investigations of animal abuse on the internet as terrorism. It is clear that this classification is in place to demonize and silence any form of protest that might actually change business as usual. The AETA is unconstitutional because it is too broad and too vague. Ordinary citizens engaged in traditional forms of protest activities would not know that they are violating the seemingly limitless boundaries of the law. The terms of the law are so ill-defined that nearly any act of protest can result in an indictment. Techniques that have been used for decades in various social movements — sit-ins, pickets, strikes, marches — are now acts of terrorism if they cause profit loss to an animal enterprise, or it they could hypothetically cause that profit loss. What used to be constitutionally protected rights to free speech and protest are eviscerated by the AETA.

Al proporcionar al gobierno federal los medios para acusar a activistas como terroristas, la AETA tendrá un “efecto disuasorio” sobre las actividades protegidas por la Constitución. El concepto legal de “efecto disuasorio” o “efecto inhibitorio” forma parte de las doctrinas legales constitucionales tanto sustantivas como procesales que han sido firmemente establecidas por la Corte Suprema de los Estados Unidos al menos desde el Movimiento por los Derechos Civiles de las décadas de 1950 y 1960. En múltiples casos, la Corte Suprema prohibió la actividad gubernamental que obligaba a las personas a divulgar vínculos asociativos (por ejemplo, membresía en el Partido Comunista) y obligó a las organizaciones a divulgar listas de miembros (por ejemplo, miembros de la NAACP), y determinó que dicha actividad gubernamental tiene un efecto disuasorio sobre la libertad de asociación constitucional consagrada en la Primera Enmienda. Aunque la doctrina del efecto disuasorio protege toda actividad constitucionalmente protegida, es especialmente aplicable a la protección de la actividad de la Primera Enmienda, como el derecho a la libre expresión y a formar asambleas. Nuestra jurisprudencia de la Primera Enmienda ilustra que la intención de los redactores originales de la Constitución fue proteger nuestra libertad de participar en la expresión política de la actividad gubernamental tiránica, como leyes federales represivas, que disminuirían esa libertad.

Esencialmente, el efecto disuasorio ocurre cuando la conducta del gobierno disuade a los individuos de participar en actividades protegidas por la Constitución por temor a un castigo o a repercusiones sociales desfavorables. La conducta disuasoria del gobierno puede adoptar la forma de una ley, acompañada de sanciones por violarla, como multas, prisión, responsabilidad civil o la privación de beneficios gubernamentales. Las repercusiones sociales desfavorables creadas por el gobierno pueden incluir conductas como la vigilancia gubernamental o la instigación de hostilidad pública hacia un grupo específico que conduzca a una disminución en la membresía organizacional.

Siguiendo esta definición del efecto disuasorio, parece bastante obvio que, de entrada, la AETA es una ley diseñada para disuadir a los defensores de los derechos de los animales de ejercer sus derechos de la Primera Enmienda. Al etiquetar a cualquiera que “interfiera” con las ganancias de la industria como terrorista, y al imponer duras penas de prisión y/o multas a los condenados, la AETA disuadirá a quienes deseen defender pacíficamente los derechos de los animales. Independientemente de si uno está de acuerdo o no con los defensores de los derechos de los animales, el bienestar animal es un tema que merece ser debatido abierta, honesta y públicamente. La AETA sabotea este diálogo al priorizar las ganancias corporativas por encima del debate público. Si no detenemos la AETA en seco ahora, nada impedirá que los grupos industriales continúen presionando y abogando por legislación que criminalice y disuada la conducta de la Primera Enmienda de otros grupos y movimientos progresistas. ¿Quién será el próximo?


Aplicación

En la sección a continuación, estamos compilando un resumen de todos los casos procesados bajo la AETA hasta la fecha. Todos los casos hasta ahora son incidentes de protesta no violenta y daños a la propiedad que se están procesando como actos de terrorismo. Por favor, revise regularmente para ver las actualizaciones.

Caso Buddenburg, Khajavi, Pope y Stumpo (AETA 4)
El 20 de febrero de 2009, cuatro jóvenes, Joseph Buddenburg, Maryam Khajavi, Nathan Pope y Adriana Stumpo, fueron arrestados y acusados de violar la AETA. La acusación contra los cuatro imputados contiene tres incidentes separados. El primer incidente ocurrió el 21 de octubre de 2007, cuando un grupo de 20 manifestantes protestó frente a la casa de un profesor de la Universidad de California en Berkeley, en El Cerrito, California. Investigadores federales alegan que los manifestantes invadieron el patio delantero de la casa del profesor, tocaron el timbre y hicieron ruido gritando “consignas por los derechos de los animales”, como “¡1, 2, 3, 4! ¡Abran la jaula! ¡5, 6, 7, 8! ¡Rompan las cerraduras y liberen!”.”

The second incident in the indictment occurred on January 27, 2008. Eleven protestors marched down a public sidewalk in front of the homes of several University of California researchers. The government alleges that the protestors chanted “defamatory” comments and used chalk to write “defamatory” messages about the professors/vivisectors on the public sidewalk. They also alleged that unknown protestors confronted the vivisector on the front porch of its house and a slight tussle ensued. The third incident in the indictment simply states that “[o]n or about January 27, 2008, defendants POPE and STUMPO used the Internet to find information on bio-medical researchers at the University of California, Santa Cruz.” That’s right. Two of the defendants faced federal terrorism charges for “using the Internet.” [HYPERLINK to Green Scare timeline—AETA 4 indictment]. In July of 2010, the court dismissed the indictments against the defendants because the indictments did not specify the alleged criminal conduct at a level that satisfied the Fifth Amendment, and because the indictment did not comply with procedural rules. (Enlace al PDF de despido).

La corte señaló específicamente:
Para que una acusación cumpla sus propósitos constitucionales, debe alegar hechos que informen suficientemente a cada acusado de qué se le acusa de haber hecho que constituye un delito. Esto es particularmente importante cuando la especie de comportamiento en cuestión abarca un amplio espectro, desde la conducta delictiva hasta la protesta política constitucionalmente protegida. Si bien las “amenazas verdaderas” no gozan de protección de la Primera Enmienda, las manifestaciones y las protestas políticas se encuentran en el núcleo mismo de lo que está protegido por la Primera Enmienda. Dónde cae la conducta de los acusados en este espectro en este caso probablemente será decidido en última instancia por un jurado. Sin embargo, antes de que este caso avance a un jurado, los acusados tienen derecho a una acusación más específica que establezca la conducta que se alega que es criminal.

Sin embargo, el juez desestimó las acusaciones sin perjuicio, lo que significa que el gobierno puede presentar nuevas acusaciones en cualquier momento. El sitio de soporte es http://www.aeta4.org.


Caso Viehl y Hall

El 5 de marzo de 2009, dos jóvenes, William Viehl y Alex Hall, fueron acusados formalmente de dos cargos por violar la AETA. En las acusaciones se alega que estuvieron involucrados en la liberación, en agosto de 2008, de 300 visones de la granja peletera McMullin and Sons, una instalación ubicada en South Jordan, Utah, que cría visones y los sacrifica para obtener sus pieles. Las acusaciones también alegan que estuvieron involucrados en la pintura con aerosol de consignas que se encontraron en el lugar de la liberación de visones en South Jordan, Utah, las cuales decían “No más visones, no más asesinatos” y “ALF: Estamos observando”. [HYPERLINK cronología-ACUSACIONES DE LA AETA EN UTAH] El primer cargo es un delito grave, que podría acarrear hasta cinco años de prisión y una multa de 250,000. El segundo cargo, un delito menor, podría acarrear hasta un año de prisión. Viehl negoció un acuerdo de declaración de no cooperación con los fiscales federales y compareció ante un juez federal de Utah para cambiar su declaración y resolver su caso. El juez se negó inicialmente a aceptar la declaración porque consideró que no era un castigo suficiente para un ‘delito terrorista’. Finalmente, tanto Viehl como Hall firmaron acuerdos de declaración de no cooperación y fueron sentenciados. Consulta la línea de tiempo del «Green Scare» del CLDC para obtener más detalles sobre su caso.


Caso Halliday

On March 12, 2009, a young Utah animal rights activist, Jordan Halliday, was jailed for refusing to testify before a federal grand jury about his political beliefs and political associations within the Utah animal rights advocacy community. Halliday attempted to invoke his Fifth Amendment right to remain silent, but the federal prosecutors refused to acknowledge that right in the grand jury context. He was jailed for civil contempt after refusing to comply with a court order to snitch on his community in front of the grand jury. In grand jury proceedings, the testimony takes place before a jury, prosecutor, and judge that operate in secrecy. Defense lawyers are forbidden from being present with their clients in the grand jury room. The normal rules of evidence — which are designed to filter and balance available evidence so that jurors are not unduly misled or confused by lies, inflammatory rhetoric, or prejudicial information — do not apply. The lack of protections for witnesses at grand jury proceedings allows the government to abuse the proceedings for the purpose of gathering information about the lives of political activists.

En un claro acto de represalia, y por primera vez en más de 30 años, el 29 de junio de 2010 Jordan fue acusado oficialmente de desacato penal al tribunal por negarse a testificar ante el gran jurado. El caso AETA de Utah ya se había resuelto en el momento en que el Fiscal de Estados Unidos lo acusó de este delito. El 27 de julio de 2010 se declaró culpable del cargo y el 3 de noviembre de 2010 fue sentenciado a 10 meses de prisión y 3 años de libertad condicional tras su liberación. Tanto Jordan como su abogado creen que esta sentencia es demasiado severa, ya que ya ha cumplido tiempo por desacato civil. Están en proceso de presentar una apelación.


Caso Demuth y Feldman

En noviembre de 2009, fiscales federales en Iowa citaron a dos jóvenes, Scott DeMuth y Carrie Feldman, para que testificaran ante un gran jurado, ostensiblemente en relación con un incidente ocurrido cinco años antes, en el que se sustrajeron ratas y ratones de laboratorio del Departamento de Psicología de la Universidad de Iowa y se vandalizaron computadoras. Nadie resultó herido en el incidente. El gobierno no proporcionó ninguna razón para sospechar que Demuth y Feldman estuvieran conectados con el crimen (Demuth tenía 18 años y Feldman 15 en el momento del incidente). Cuando Demuth y Feldman fueron llamados a testificar ante el gran jurado sobre sus creencias y afiliaciones con organizaciones de derechos de los animales, invocaron su derecho a la Quinta Enmienda de permanecer en silencio. Después de que ambos se negaran a testificar, el tribunal los declaró en desacato y fueron encarcelados.

On November 19, 2009, DeMuth was indicted under the AETA for conspiring to commit the break-in at the University of Iowa lab. [HYPERLINK Green Scare timeline—Iowa AETA–FIRST INDICTMENT]. Although the prosecutor fervently argued that DeMuth is a “domestic terrorist,” the federal magistrate judge released DeMuth from jail on November 30, 2009, pending his trial. On September 13, 2010, DeMuth pled guilty to one count of misdemeanor conspiracy to commit animal enterprise terrorism under the AEPA for an unrelated action causing less than $10,000 in damage for his role in the April 29, 2006 ALF raid on Lakeside Ferrets, Inc., in Howard Lake, Minnesota. The plea was to a lesser included charge of the second superseding indictment. [HYPERLINK Green Scare timeline–2ND INDICTMENT]. As a condition of the plea agreement, the government will ask for a sentence of the full six months in prison, but not for the imposition of any fine. Demuth did not testify against anyone else in the process of signing his personal plea agreement. Demuth’s sentencing has been scheduled for December 15, 2010, with a surrender date likely to be set for early 2011.

Después de que Feldman se negara a testificar ante el gran jurado, también fue encarcelada por desacato al tribunal. Ella apeló su fallo por desacato, pero en una decisión dividida de 2-1, la Corte de Apelaciones de los Estados Unidos para el Octavo Circuito se negó a ordenar su liberación (lea la decisión completa del tribunal haciendo clic en Aquí). Feldman permaneció en prisión por desacato al tribunal hasta su liberación el 19 de marzo de 2010.
El sitio de soporte es http://davenportgrandjury.wordpress.com


¡AYÚDANOS A ABOLIR CON EL CONGRESO DE ESTADOS UNIDOS!

Abogar por el cambio social no es terrorismo

El Civil Liberties Defense Center está trabajando con organizaciones de todo el país para abolir la Ley de Terrorismo de Empresas Animales (AETA) y poner fin a este asalto a nuestros derechos constitucionales. Estamos educando al público sobre cómo la AETA reprime la libertad de expresión y asociación, y continuaremos asistiendo a los activistas en los tribunales que enfrentan cargos bajo la AETA. Nos esforzamos por facilitar una comunidad más crítica, consciente y activa en la que las personas conozcan sus derechos y cómo protegerlos. Únase a nosotros en esta importante lucha.

Qué puedes hacer:

  1. Organizar una presentación;
  2. Distribuye información en tu lugar de trabajo, escuela o comunidad.;
  3. Organiza eventos de recaudación de fondos para organizaciones, como el Civil Liberties Defense Center, que trabajan para combatir la AETA;
  4. Continúa trabajando por los derechos de los animales y otras causas sociales progresistas;
  5. Estimado periódico local, Le escribo para expresar mi preocupación por el aumento de la delincuencia en nuestro vecindario. En las últimas semanas, ha habido varios robos y allanamientos. Me preocupa la seguridad de mi familia y mis vecinos. Creo que debemos tomar medidas para detener esta tendencia. Me gustaría pedirle al departamento de policía que aumente su presencia en nuestro vecindario. También me gustaría pedirle a la ciudad que invierta en mejores sistemas de alumbrado público y cámaras de vigilancia. Estoy convencido de que si trabajamos juntos, podemos hacer de nuestro vecindario un lugar más seguro para todos. Gracias por su tiempo y consideración. Atentamente, [Su nombre];
  6. Llama, escribe una carta o envía un correo electrónico a tus senadores y representante(s) en Washington, D.C.

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El verde es el nuevo rojo

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